Congregación

Nuestros Fundadores

El Buen Padre Pierre Coudrin

En una Iglesia en constante conflicto con la autoridad política de Francia a fines del siglo XVIII y en las primeras décadas del XIX, el sacerdote Pedro Coudrin es ante todo un Pastor. Su celo ardiente por la venida del Reino, su incansable entrega al servicio directo de las almas, su osado apostolado en condiciones de clandestinidad y persecución son señales de un rasgo típico que define su personalidad y la sociedad que él fundará.

La gracia mística recibida en su escondrijo del granero de la Motte, da a su sacerdocio la visión de una evangelización que lleve el Evangelio a las más remotas islas. Saliendo del granero, jura al pie de la encina: “sufrir todo, santificarse por Dios, morir si hacía falta por su servicio”. Pero ya no se ve solo sino con muchos hermanos y hermanas. Del pastor está surgiendo el Fundador.

La Buena Madre Henriette Aymer

Su origen en la sociedad de fines del Antiguo Régimen, le dan un ambiente y una educación en los valores religiosos propios de la tradición francesa y la somera instrucción apropiada para la mujer.

Cuando la afecta la persecución social y religiosa, buscando sentido a su vida, tras su encuentro con Dios en la prisión, es llevada a la Sociedad del Sagrado Corazón, al Padre Coudrin, su guía, y al grupo de las solitarias, con quienes comienza a andar. Es el grupo inicial de la Congregación.

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